Dificilmente superable
El desayuno, elegante, suficiente y sobrio. La habitación, muy confortable y acogedora, si bien un pelín pequeña. Me encantó el recibimiento de los encargados de la recepción, y la despedida que me brindó Irene, una chica encantadora, española (de Zaragoza, para mas señas). Todo muy agradable.